Basuraleza: una realidad que contamina los ecosistemas

mar con peces y multitud de plásticos flotando junto a ellos

Es probable que el término ‘basuraleza‘ no te diga mucho o que ni siquiera te suene. Es normal ya que la expresión es relativamente reciente. No obstante, el concepto al que hace referencia lleva, desgraciadamente, muchos años junto a nosotros.

Durante los fines de semanas y las vacaciones, es habitual organizar planes y escapadas a destinos naturales. Las playas, ríos, montes, etc. se llenan de familias y grupos de amigos. Allí quedan risas, buenos momentos, recuerdos y fotografías, pero también residuos y basura.

Qué es la basuraleza

Este término puede definirse como “los residuos generados por el ser humano y abandonados en la naturaleza, que alteran el equilibrio de nuestros ecosistemas”. Así lo explica el blog educativo de Ecoembes, amarilloverdeyazul.com, en su artículo Basuraleza, un desafío medioambiental. Aunque, tal y como se afirma en el artículo, este vocablo es de reciente creación, la realidad a la que hace referencia es mucho más antigua.

Durante muchos años, una importante parte de los seres humanos ha mantenido una actitud irresponsable con los ecosistemas. No es nada extraño comprobar cómo en parques, bosques, ríos, playas o montañas se agolpa una considerable cantidad de desechos y basura. La acumulación de estos residuos en nuestro medioambiente ha favorecido al cambio climático y ha provocado la extinción de fauna y flora a través de la alteración de los ciclos de vida.

Esta realidad que sufren numerosos de nuestros ecosistemas presenta cifras de lo más preocupantes. Durante la campaña “1m2 por el campo, los bosques y el monte”, organizada por el Proyecto LIBERA del que hablaremos más adelante, se recogieron ocho toneladas en casi 160 espacios naturales de toda España. Además, durante dicha campaña se estudió una muestra de 12.000 objetos y residuos recogidos.

Residuos y basuraleza acumulados en un bosque.

Este análisis concluyó que es el ser humano quien está detrás de la basuraleza. Según el artículo antes mencionado de Ecoembes, el mayor porcentaje de residuos analizados –el 32% de la muestra- eran de origen plástico. El 18% de los residuos eran metálicos, seguidos de los desechos de papel y cartón –el 16%- y los residuos sanitarios, que representaban el 10%.

Aunque todos los residuos que dejamos en los ecosistemas contaminan, no todos miden su impacto medioambiental por igual. En función de cuánto años tardan en degradarse, suponen un grado mayor o menor de contaminación. Cuando acudimos al campo o a una playa y nos encontramos con una botella de plástico, por ejemplo, es posible que ese residuo lleve allí contaminando una gran cantidad de años.

En la web compromisoeco.com, encontramos una lista detallada de cuánto tiempo tarda en degradarse cada residuo. Por ejemplo, algunos de los desechos que menos tardan en degradarse son el papel, las colillas y los chicles. Y aún así, cada uno tarda uno, dos y cinco años respectivamente en desaparecer del todo. Un tiempo a tener muy en cuenta.

En el lado opuesto, encontramos los materiales que tardan mucho más tiempo en desaparecer. Entre ellos, destaca el plástico. Una bolsa de este material puede prolongar su degradación en un siglo y medio. Pero aún hay objetos de este tipo de material que tardan más. Las botellas de plástico de PVC o PET permanecen en el ecosistema entre 100 y 1.000 años, mientras que los vasos desechables de polipropileno alcanzan el milenio. También las pilas tardan 1.000 años y las botellas de vidrio pueden durar hasta 4.000 años.

Proyecto LIBERA de basuraleza

Ante esta nefasta realidad para el medioambiente, surge en 2017 el proyecto “LIBERA: unidos contra la basuraleza”. Dicho proyecto, puesto en marcha conjuntamente por SEO/BirdLife y Ecoembes, trata de dar respuesta a la situación que se da en numerosos ecosistemas. De esta forma, buscan soluciones para reducir el impacto medioambiental que genera la basura y los residuos abandonados.

En su web, proyectolibera.org, se enuncian las diferentes respuestas que esta iniciativa está ofreciendo. Por ejemplo, se promueve la economía circular como una de las medidas para mejorar la situación. Este tipo de economía hace frente a nuestro modelo de consumo, que se basa en el ‘usar y tirar’. Así las cosas, en una economía circular, se aplica la regla de las 3 R: Reciclar, Reducir y Reutilizar. De esta forma, se consigue reducir el número de residuos y evitar su presencia en el medioambiente.

Pero llegar a sustituir nuestro modelo lineal económico por el modelo de economía circular parece la cima de la montaña. Antes, es necesario un trabajo muy amplio y complejo. Este proyecto LIBERA aborda el problema desde tres ejes o líneas de actuación: conocimiento, prevención y actuación.

economía circular

El primer paso para poder abordar el problema es concienciar sobre él al grueso de la sociedad. Según la web del proyecto, en LIBERA se trabaja para dar toda la información posible sobre este asunto. Así, conociendo en profundidad esta realidad, se puede dar con las soluciones adecuadas.

El segundo ámbito de actuación es el de la prevención. En este sentido, se persigue que, a través de la concienciación, promover cambios de hábitos en la ciudadanía orientados a mantener limpios los ecosistemas y a respetar el medioambiente. Y en tercer lugar, este proyecto reclama y fomenta la movilización ciudadana. Consiste en pasar a la acción, en ir a las playas, montes, parques, etc. y recoger la basura allí acumulada. 

Dos bolsas de plástico simulan ser unos icebergs.

Coronavirus, guantes y mascarillas: la nueva basuraleza

En los últimos años, las campañas mostraban, a modo de denuncia, latas, bolsas de plástico, cigarrillos, etc. flotando en los océanos, entre la flora de los bosques o en la arena de las playas. Pero las campañas más recientes muestran imágenes de desechos sanitarios en estos emplazamientos.

Con la llegada del coronavirus, se ha incrementado entre la basuraleza la presencia de los materiales higiénicos y sanitarios que sirven para hacer frente al virus. Estos productos sanitarios, sobre todo los guantes y mascarillas, están presentes en la actualidad en muchos paisajes urbanos y naturales.

Dichos residuos generan un doble peligro. La amplia mayoría encuentra en el plástico su principal material de producción. Por ello, se sitúan en el ranking de los desechos que más tardan en degradarse y desaparecer de los ecosistemas. Y, por otro lado, los guantes y mascarillas que se tiran al suelo suponen también un posible foco de infección del Covid-19.

En una noticia de la Agencia de Comunicación EFE, titulada Guantes y mascarillas, el coste ambiental de frenar el avance de un virus, se hace referencia a este fenómeno. Además, se recogen las declaraciones sobre este asunto de Miguel Muñoz, responsable del Proyecto LIBERA en SEO/BirdLife. Muñoz asegura que entre la sociedad estaba calando la necesidad de no abandonar el plástico antes de la pandemia pero lamenta que la nueva situación sanitaria pueda suponer un “retroceso”.

Por tanto, es imprescindible focalizar esfuerzos en evitar que se den pasos atrás y en reducir al máximo el impacto medioambiental que genera la basuraleza. En el artículo de EFE antes mencionado, se recoge el estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) sobre la producción de mascarillas biodegradables en lugar de las realizadas con plástico. Esto puede constituir una base para avanzar en la búsqueda de fórmulas menos contaminantes.

Entre todos, debemos intentar que los residuos tradicionales y los nuevos que ha traído el coronavirus acaben en su contenedor correspondiente y no en nuestros ecosistemas. Para poder disfrutar de nuestros entornos naturales, primero es necesario que los cuidemos y los preservemos.  

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